(2) Europa Fortaleza. Vivencias

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(ESP)

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CRÓNICAS DESDE HUNGRÍA, SERBIA Y CROACIA.

PASOS FRONTERIZOS
Sid (Serbia) – Tovarnik (Croacia)
Sid (Serbia) – Bapska (Croacia)
Jamena (Serbia) – Strošinci (Croacia)

CAMPO DE REFUGIADOS
Opatovac (entre Tovarnik y Bapska, Croacia)

ESTACIÓN DE TREN
Spačva (Croacia)

Jamena (Serbia) y Strošinci (Croacia), carretera fronteriza.
Centenares de personas esperan a lo largo de la carretera secundaria que une Serbia con Croacia. Toda la zona fronteriza serbocroata es rural, abundando los maizales. La noche anterior, cuando llegaron las personas migrantes, aprovecharon el entorno para coger mazorcas y asarlas en pequeñas hogueras. Han pasado la noche en campamentos improvisados. Solamente un pequeño grupo de voluntarios de la República Checa, no más de 20 personas, han estado con ellos desde su llegada intentando apaciguar las inclemencias meteorológicas y repartiendo alimentos. Llegamos a primera hora de la mañana. A parte de los migrantes y de los voluntarios checos, no había nadie más. Con el paso de las horas, irán apareciendo distintas organizaciones gubernamentales. La policía serbia primero, ACNUR después. Dime con quién vas, y te diré quién eres.21118203103_f44c3e53ed_o

Hay hambre y sed. Al entrar, vemos a un hombre recogiendo mazorcas y espigas de la cuneta, asadas la noche anterior. A unos metros, sus dos hijos y su mujer le observan, esperándolo. La escena es demoledora.

Pasan las horas. Un chico joven, de menos de 18 años, lleva un buen rato observándonos de escondidas, medio disimulando. De repente, decide acercarse y se interesa por las cámaras que llevamos mi compañero y yo. Las mira, y al ver que no disparamos en automático nos sonríe. Nos pregunta a qué velocidad de obturación y diafragma disparamos. Entablamos conversación. Es de Bagdad y le gusta la fotografía. En uno de los bombardeos su casa quedó devastada. Animoso, nos cuenta que quiere viajar a Alemania, trabajar duro y ahorrar para poder comprarse una nueva réflex.

En la carretera entre Jamena y Strošinci conocemos también a Nariman. Se fue de Siria huyendo de la guerra con sus tres hijos. Nos pide el móvil para llamar a su marido que ya estaba en Alemania. Ayer nos escribió su marido diciéndonos que ella y toda su familia ya están en Viena, que hoy se reencontraban con él en Alemania. Son brutales los atisbos de humanidad entre la miseria y la desesperación.

Siguiendo el camino nos encontramos con un hombre sirio. Nos pide un cigarrillo. Fumamos y charlamos. “Me he marchado de Siria con mi mujer y mis hijos, lo he dejado todo. Mi país ya no existe, murió hace tiempo. Quiero empezar una nueva vida en Finlandia, quiero olvidar” nos dice. Tiene la mirada cansada, pero su entereza es inhumana. Mira a sus hijos mientras les acaricia la cabeza: Yo ya soy mayor pero ellos merecen ser felices. No soportaba más que me preguntaran cada día por qué no paraban de caer bombas.” Sigue fumando. Vuelve a mirar a sus hijos, que ahora están recogiendo la basura: “Les he enseñado que se tienen que recoger todos los restos que vamos dejando por este largo viaje. Estos caminos tienen que continuar limpios, tal y como los encontramos.” Se despide de nosotros con un apretón de manos: “Muchas gracias por el cigarro amigos.” Se aleja con un hijo en cada mano.

Nosotros nos quedamos plantados un buen rato en el mismo sitio. Barridos por su historia, asimilando, digiriendo.

Spačva (Croacia), Estación de tren
Vemos movimiento en la estación de tren. Autobuses vacíos y vehículos policiales. Nos acercamos. Están llenando un convoy larguísimo con los refugiados. Los que están esperando para subir nos preguntan dónde los llevan. Preguntamos a la policía. Dicen no saber nada. No saben ni dónde van, ni dónde están. De las carreteras fronterizas a los campos; de los campos a las estaciones de tren. Un chico nos pregunta si tenía que pagar para el billete.

21118546303_fa79b63a89_oEn uno de los andenes hay una ONG haciendo bocadillos. La situación les sobrepasa: faltan manos y alimentos. La gente pide comida. La policía no deja bajar a los refugiados del tren. Nadie se acerca a los convoyes. Hacemos las fotos y de repente nos quedamos parados, aturdidos. ¿Seguimos fotografiando, o intervenimos? Empezamos a darles manzanas que encontramos en una de las mesas cercanas a la ONG. Una de las premisas de la fotografía documental es no implicarte en la escena. Pero el contexto reza un imperativo distinto. Este dilema nos acompaña todo el viaje. La desesperación de dejar de disparar y empezar a repartir comida, agua, lo que sea. Cogemos las frutas y dejamos la cámara a un lado. Después de repartir las manzanas, les hacemos una serie de retratos. Algunas personas de nuestro grupo tienen que darse media vuelta y esconderse: da vergüenza llorar de desesperación e impotencia delante suyo.

Sid (Serbia) – Bapska (Croacia), carretera fronteriza.
La situación se repite en todas las pequeñas carreteras que unen Serbia y Croacia. Los migrantes dejan atrás Serbia entrando a Croacia, donde serán parados por la policía y retenidos en una larga espera hasta que les trasladan a los campos para refugiados. Es el caso de la frontera serbocroata, el de Opatovac. Las colas son larguísimas. En la espera, nos fijamos en una niña de no más de diez años, dando vueltas sobre sí misma haciendo volar un pequeño bolso. La escena traslada a los éxodos de la Guerra Civil española. La misma edad de esa niña tenían tantas de nuestras abuelas cuando tuvieron que huir de la barbarie fascista.

Fotografías: Moni, Teresa Forn, Manu Gómez, Rober Astorgano, Antonio Litov y Bru Aguiló.
Texto: Bru Aguiló.

(ENG)

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REPORTS FROM HUNGARY, SERBIA AND CROATIA

BORDER CROSSINGS

Sid (Serbia) – Tovarnik (Croatia)

Sid (Serbia) – Bapska (Croatia)

Jamena (Serbia) – Strošinci (Croatia)

REFUGEE CAMP

Opatovac (between Tovarnik and Bapska, Croatia)

TRAIN STATION

Spačva (Croatia)

 

Jamena (Serbia) and Strošinci (Croatia), border road

Hundreds of people wait along the secondary road that connects Serbia with Croatia. All the Serbo-Croatian border area is rural, full of cornfields. The night before, when the migrating people got there, they took advantage of the situation and collected ears of corn and cooked them in small camp fires. They have spent the night in off-the-cuff camps. Only a small group of volunteers coming from Check Republic (not more than 20 people) has been with them since they first arrived. They are trying to ease the weather inclemency and spreading out food among them.

We get there first thing in the morning. Apart from the immigrants and the Check volunteers there was no one else. As hours passed by, various Government organizations started to show up. First the Croatian police came in and then UNHCR staff. Tell me who you go with and I will tell you who you are.

They are hungry and thirsty. When we came in, we saw a man collecting ears of corn and spikes cooked the night before from the ditch. Some meters away, his two sons and his wife observe and wait for him. It is a demolishing scene.

Time goes by. A young boy, he’s under 18, has been observing us for a long while hiding from the distance. Suddenly he decides to get closer and asks about the cameras my colleague and I carry out. He looks at them and, when he sees we don’t shoot automatically, he smiles. He wants to know the shutter and diaphragm speed we shoot at. We start talking to him. He’s from Bagdad and loves photography. In one of the air attacks his home was devastated. Lively he tells us he wants to travel to Germany, work hard and save money in order to by a new reflex camera.

On the road between Jamena and Strošinci we also meet Nariman. She left Syria running away from war with her three kids. She would like to borrow our mobile phone to call her husband, who is already in Germany. Yesterday her husband sent us a message saying that Nariman and all her family already are in Viena, they are gathering together today in Germany. The glimmer of humanity between misery and despair is tremendous.

We continued our way and we met a Syrian man. He asks for a cigarette. We smoked and talked: “I left Syria with my wife and my kids, I left everything there. My country does no longer exist. It died a long time ago. I want to start a new life in Finland, I want to forget”, he says. He’s got a tired look, but he’s got an inhuman integrity. He looks at his children while he caresses their head: “I’m already old, but they deserve to be happy. They were asking every day why bombs were not stopping and I could not stand it any longer”. He continues smoking. He looks again at his children. They are now picking up litter: “I have taught them they have to pick up all things we are leaving behind in this long trip. We have to keep these roads as clean as we’ve found them.” He shakes our hands and says good-bye: “Many thanks for the cigarette, my friends.” He walks away holding a son in each hand.

We stand for a while at the same place, wiped out by his story, trying to assimilate, trying to digest.

Spačva (Croatia), Train Station

We see things are moving at the train station. There are empty buses and police cars. We get closer. They are filling a long train with refugees. Those who are waiting to get on ask us where they are taking them. We ask the police, but they say they know nothing. They don’t know where they are going – they don’t know where they are. They go from border roads to camps, from camps to train stations. A boy asks us if he has to pay the train ticket.

In one of the platforms, there are NGO members preparing sandwiches. They are overwhelmed by the situation: they need more hands and more food. People ask for food. The police do not let refugees get off the train. No one is approaching the trains. We take photos and, suddenly, we stop, we are stunned. ¿Shall we keep taking photos or shall we intervene? We start giving them apples that we found on one of the NGO tables. One of the premises of the documentary photography is not to get involved in the scene. But this context reads different. This dilemma walks with us along the way. We have to stop shooting and start distributing food, water, anything we find. We take the fruits and leave the camera aside. After sharing out the apples, we take a series of portraits. Some of the people within our group have to step back and hide: it feels shameful to cry desperately in front of them.

Sid (Serbia) – Bapska (Croatia), border road

The situation is the same again and again in all small roads that connect Serbia and Croatia. Immigrants leave Serbia behind and enter Croatia, where police hold them for a long while until they are transferred to the refugee camps. It is the case of the Serbian-Croatian border, the case of Opatovac. Cues are very long. While waiting, we see a 10-year-old girl spinning around herself and throwing a small bag up in the air. This scene brings us back to the exodus of the Spanish Civil War. Many of our grandmothers were her age when they had to run away from the fascist brutality.

Photos: Moni, Teresa Forn, Manu Gómez, Rober Astorgano, Antonio Litov and Bru Aguiló

Text: Bru Aguiló

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