20/21_11_2015 Lesvos Días 7 y 8

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(ESP)

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En nuestros últimos días en Lesvos reflexionamos sobre la labor de los fotógrafos y periodistas ante situaciones trágicas. Volvemos decepcionados y irritados por lo que hemos visto.
Lesvos, como muchos otros sitios, es el lugar perfecto donde un fotoperiodista puede conseguir la instantánea que le lleve a la cima. Caer en el amarillismo y la imagen impactante es fácil. Olvidarse de que “lo que cruza en botes” son personas, también.
Los refugiados cuando llegan a la isla lo hacen en una situación dramática y en estado de shock. Y tan solo al segundo de poner un pie en tierra tienen cámaras y flashes a medio metro de la cara.
Ni tiempo para respirar.
El fotoperiodista “buitre” revoloteando a su alrededor nos ha resultado incómodo y desagradable.
Amontonarse sin dejar libre el paso a voluntarios y médicos que quieren atender a los que llegan, o empujarlos e insultarlos por no poder captar la imagen que desean, nos ha parecido la cosa menos profesional y ética que pueda existir.
Fotografiar puede y debe hacerse con respeto y humanidad. Cada persona que consigue cruzar arrastra un drama detrás que debería replantearnos como se les trata una vez aquí.
Entrevistar a alguien preguntándole tan solo al entrar a Europa qué piensa de los atentados de París es vergonzoso. No estaría mal primero de todo un: ¿Cómo estás? ¿Tienes frío? ¿Necesitas algo? O simplemente esperar en silencio acompañándole en su llegada.
¿Realmente es este el fotoperiodismo que queremos?

Lesvos, 21 de noviembre del 2015

Texto: Mònica Parra
Fotografías de: Manu Gómez, Mònica Parra y Antonio Litov

(ENG)

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During our last days in Lesvos we thought about the job photographers and journalists do in tragic situations. We are back now and feel very deceived and upset about what we have seen.

Lesvos is the perfect place, as many others, where a photojournalist can get the perfect shot that gets him to the top. Doing sensationalist journalism and getting impressive pictures is easy. As it is also easy to forget that what’s crossing the sea on those boats are people.

When refugees first get into the island are going through a dramatic situation and are in shock. Once they step on the island floor they have cameras and flashes only half a meter away from their faces.

They have no time to breathe.

We had the feeling that photojournalists acting as vultures around them were uncomfortable unpleasant.

We have seen them crowding together without making way to the volunteers and doctors who want to assist the newly arrived refugees, or pushing and insulting them because they cannot get the picture they want – we felt that their attitude was the most unprofessional and unethical thing one could see.

Taking photographs can and should be done with respect and humanity. All those people who make it to the other side bear a drama with them and we should reconsider the way they are treated once they get here.

Asking people who have just entered Europe what they think about the attacks in Paris is shameful. Asking them “How are you? Are you cold? Do you need anything?” would indeed be much nicer. Or simply waiting in silence and accompanying them during their arrival.

Is this really the kind of photojournalism we want?

Text: Mònica Parra

Photographs: Manu Gómez, Mònica Parra and Antonio Litov

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